Obituario por la muerte del padre Zurita. Una tribuna del Centenario por José Jiménez Guerrero

Obituario por la muerte del padre Zurita.

El pasado 22 de febrero falleció en nuestra ciudad el carmelita descalzo fray José Luis de la Cruz, en vida seglar José Luis Zurita Abril, nuestro padre Zurita.

Aunque había nacido en Melilla, siempre se sintió y ejerció de malagueño. Con 22 años, tras ingresar en el convento de los Padres Carmelitas de Úbeda, profesó en la Orden. Cuatro años más tarde fue ordenado sacerdote.

Desde entonces, inició un largo peregrinar al servicio del Carmelo y de la Iglesia.

Su paso por Cádiz dejó una huella indeleble. Todavía se recuerda su labor. Se le consideraba un padre en el barrio del Mentidero. Él siempre recordaba los años vividos en la parroquia de Nuestra Señor del Carmen y Santa Teresa. Años de esplendor de la Orden en la capital gaditana.

Su implicación en ‘lo cofrade’ no pasó desapercibida y, además de ser predicador en los cultos de varias hermandades, pronunció el pregón de la Semana Santa de Cádiz en 1987.

Tampoco se olvida su paso por Sevilla. Pero, sin duda, fue en nuestra Málaga, donde, además de su labor pastoral (eran innumerables los fieles que acudían a sus misas en la parroquia de Stella Maris), desde el punto de vista cofrade, dio señeras muestras de su religiosidad, de su profundo sentido teológico, de su intensa devoción a la Virgen María (“la gran sorpresa de la creación”, afirmaba), de defensa de lo que significan las hermandades y cofradías en la vida de la ciudad.

Varias de ellas tuvieron la fortuna de contar con su oratoria en alguno de sus actos de culto y de exaltación. En la memoria, el texto de amor a María que pronunció en el ‘Pregón de la Pura y Limpia Concepción’, de la Archicofradía de los Dolores de San Juan, en 2007.

Pero, sobre todo, hubo tres momentos en su dilatada trayectoria como pregonero, que él siempre destacaba.

El 31 de marzo de 1990 pronunció el Pregón de la Semana Santa de Málaga. Fue inolvidable. Un pregón de un ‘cura cofrade’. En él, desplegó y resaltó su profundo amor por Málaga, por la Semana Santa en general, y por su hermandad, la de la Amargura, en particular. ¡Cuánto echaba de menos a la Dolorosa cuando no podía visitarla! Recuerdo que en cierta ocasión me comentó que estando en Sevilla, un Jueves Santo, de repente, en su televisor, y en la retransmisión que realizaba Canal Sur, vio la procesión de Zamarrilla. Al oír los comentarios de Enrique Romero y de quien suscribe, “se trasladó a Málaga” y me dijo: “Me planté delante del televisor y, con la Macarena en la calle, y con la Esperanza de Triana en la calle, no me moví de allí. Y cuando la vi a Ella, mis lágrimas botaron en el suelo”.

El padre Zurita defendió una teología popular basada en el amor y en el perdón, también en la devoción hacia las imágenes sagradas.

Los recuerdos de su infancia los plasmaba en sus pregones: “Pared con pared a mi casa había una ermita con un corazón grande bombeando la sangre de dos barrios”. Su primera devoción (“Mi Zamarrilla”, siempre afirmaba), en la que mucho tuvo que ver su madre, y su amor a Málaga (de la que afirmó que “nace de la luz y para el color”), los modeló en bellísimas palabras. De nuestra ciudad defendía su idiosincrasia y su tradición sin desdeñar el progreso, el futuro. De ese progreso, que calificó de inevitable, pero, que resaltó, tenía que correr paralelo a lo que no debía cambiar. Aún se recuerdan estas palabras en defensa de ‘lo malagueño’ que pronuncio en su pregón: “En Málaga, por ejemplo, preferir una orquídea a un jazmín, no tiene perdón. Cambiar ‘un pedro’ por un whisky es un pecado y vivir en un rascacielos despreciando una ‘casita mata’ es de psiquiatra”.

Su exaltación a nuestras cofradías y a las imágenes titulares, mezclada con sus recuerdos y sus reflexiones, y su mensaje teológico, han quedado para la historia de los pregones de la Semana Santa de Málaga.

Pero fue en los dedicados a su hermandad donde desplegó toda su oratoria y su mensaje.

El 13 de marzo de 1999 pronunciaba el ‘V Pregón de salida procesional de Zamarrilla’. La dedicatoria fue toda una declaración de intenciones: “A la Reina y Señora de mi barrio, María Santísima de la Amargura, mi Zamarrilla, vecina de siempre”.

El 1 de octubre de 2003 dictó cátedra cuando pronunció el ‘Pregón de coronación canónica de María Santísima de la Amargura’. Demostró que la teología y la religiosidad popular pueden y deben ir de la mano. Que los sentimientos cofrades corren paralelos a los religiosos. Fue una exaltación para el recuerdo. Aún resuenan algunas de sus frases, especialmente aquella con la que, tras unas reflexiones, cerraba el párrafo: “La corona para Ella”.

Y la despedida…

“Pero Zamarrilla volverá a su casa levantada en vilo por el amor de su pueblo…Y entonces será el delirio…Y las lágrimas y los piropos y los aplausos, olvidarán los hombros doloridos…Y, en medio de la justificada euforia, un grito emocionado partirá la noche en un reto amoroso, presumido y desafiante, pero limpio de malicias. Dicen en la Trinidad: Qué no daría Sevilla por que fuera de Triana la Virgen de Zamarrilla”.

Gracias por tu ejemplo y por tu compromiso. Tu nombre está escrito para siempre en las páginas de la historia cofrade de nuestra ciudad. Lástima que en vida no se te haya dado el reconocimiento público que considero que merecías.

A ti, que como me comentaste la última vez que te visité, cuando tus recuerdos aún afloraban, “lo que más me gusta en la vida es predicar”. Y cómo predicabas.

Ya no podremos repetir el ritual que seguíamos cada año al terminar el acto de presentación del pregonero: “¿Hacia donde vas?”, me decías; “A Stella Maris”, te contestaba. “Bien, pues entonces me voy contigo”. Te echaremos de menos.

Seguro que allá, en el cielo, las puertas se abrieron de par en par para recibirte. Ya estás junto a Ella. De la que afirmaste que es “jardín de gracia, campana al vuelo, primor que pasa, custodia viva, nuestra esperanza”.

Descansa en paz.

José Jiménez Guerrero. Cofrade de la Hermandad de Zamarrilla y Pregonero de la Semana Santa de Málaga de 1998.